domingo, 4 de julio de 2010

Brian Eno en el Anahuacalli

Cuando escuché en Ibero 90.9 la invitación "Haga algo aburrido" pensé, siendo yo una persona tan aburrida, esto es para mí.
El museo Anahuacalli Diego Rivera es un recinto con arquitectura diseñada por el propio Rivera. Se ubica al sur de la ciudad de México, muy cerca del tren ligero estación Xotepingo; en la calle de museo con número 150. De entrada es totalmente maravilloso porque tiene la forma de un Teocalli o casa de dios. El material con que fue construido es piedra volcánica oscura. Está dividido en tres plantas que simbolizan algo así como el estado del humano. El primer piso es bastante oscuro, me sentí como dentro de una pirámide azteca. Ahí dentro, lo primero que llamó mi atención fue la colección de piezas prehispánicas que hay, son más o menos 2 mil en exhibición. Casi todos los techos en su totalidad están conformados por piezas temáticas; por ejemplo en el segundo piso está plasmado un Quetzalcóatl en charlas con un Xólotl, en el centro parece observar un sapo-rana ícono de Diego Rivera. El piso también resguarda este aspecto con mosaicos que forman grecas de colores. Por las ventanas puede observarse hilos de luz dorados producidos por el cristal-roca que resguarda al museo. En el tercer piso se encuentra una terraza con vista a los cuatro puntos cardinales; desde ahí pude ver el cerro cerca de mi casa. Probablemente hay fiesta en un pueblo porque algunos cuetes fueron lanzados; se elevaban por el cielo confundiéndose con las nubes cargas, listas para llover.
http://www.museoanahuacalli.org.mx

Terminado el recorrido era hora de ver la instalación de Brian Eno. 77 millones de pinturas es un número harto grande para comprenderle (en realidad la instalación constó de 300 imágenes repetidas en distintas combinaciones). Un cuarto oscuro. Al frente había pantallas en forma de suástica con otras cuatro al rededor, formando un círculo. Al costado izquierdo dos montañas de arena que cambiaban de color ante el descenso de la luz, por un momento fluorescente en rosa, azul, amarillo, violácea.
Estaba lleno así que la gente decidió tirarse en la alfombra para disfrutar de la magia de Eno. Así lo hice. Comencé a observar la gama de colores. Una musiquilla producida por el autor era hipnotizadora, entraba en mis oídos y fácilmente se desplazaba por mi cuerpo obligándome a dar largos suspiros. Seguí mirando. Pensé qué suertuda soy, justo hoy se va de México esta bella pieza de color. Por momentos me hizo pensar en varias partes de mi vida (retrospección y sanación) hasta que llegó un momento en el que me coloqué en pose fetal dejándome inundar por esa cálida música y los destellos de colores danzantes, flores, armonía, caricias en las mejillas... de regreso al útero. Por un momento casi me duermo, era hora de partir pero no quería hacerlo. No sé cuánto tiempo pasé ahí. Dicen por ahí en la revista Rolling Stone que hay quienes han permanecido hasta por seis horas... mi estómago no lo permitió, reclamó casi en voz alta su alimento. Me fue con una sonrisa en los labios, los ojos a medio abrir y los pies ligeros...
http://es.wikipedia.org/wiki/Brian_Eno

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